Mar 252019
 

Empezamos caminando para bajar el almuerzo y llegar al lugar de pesca un par de km aguas arriba, allá donde el rugir de los motores se aleja del camino y deja lugar al murmullo de los senderistas. De aquí al puente Pancica, es un no parar de sacar truchas a seca, eso sí, aunque acostumbradas a la gente andan un poco delicadas con las imitaciones.

Con sumo cuidado vamos lanzando una a una, y cuando me refiero a tener cuidado no lo hago por el miedo a espantarlas, sino por no joder los nidos. Nidos que aún no han salido y que por precaución es mejor no pisar la salida de los pozos, ya que son las zonas de gravas más finas y en donde, con poco que nos fijemos podremos ver los frezaderos.

Como ya conocéis, el coto de Borosa discurre junto a una ruta senderista, por lo que durante toda la jornada de pesca tendremos compañía y seremos objeto de diversas capturas fotográficas, “como si de un rara avis” se tratara y, en cierto modo es normal.

Quizá a la mejor hora, el río se pone “dulce” pero nos esperan 5 km de camino hasta el coche que para meditar sobre este río.

Truchas excesivamente delgadas, ausencia e alevines, aguas frías y estudios que aconsejan no pescar hasta mayo, me hacen preguntarme en que “leches” están pensando los que gestionan el recurso de la pesca en Jaén.

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