Dic 012014
 

Como casi siempre, las cosas interesantes solo pasan de vez en cuando y de forma inesperada. Serían las 9:00 h de un domingo de principios de otoño, andaba yo pensando si acercarme a pasar el día en el Tablazo, ir a buscar setas o darme un paseo en bici, pues mi mujer decidió echarme de la cama a las 8:00  de la mañana con un “abrígate bien cariño”. Con el coche cargado y viendo el panorama opté por acercarme a unos de mis lugares preferidos, si el río venia alto y tomado por las primeras lluvias de otoño siempre tendría la opción de buscar alguna seta en las choperas adyacentes.

Al llegar me sorprendió gratamente el color y nivel de las aguas pues lo esperaba algo alto y tomado, justo lo contrario, bajo y claro es como lo encontre. Monto una rhodani o algo similar y me pongo a la faena. Ya habían transcurrido dos o tres capturas cuando al acercarme a una pequeña tabla la veo que sale a escasos metros de mi, me agazapo en la orilla y lanzo por encima de la ribera, entre carrizos y zarzas. Era un ”todo o nada” pues si la trucha no cojía la mosca engancharía seguro en la deriva de esta, efectivamente es lo que sucedió.  Me arme de paciencia, tire de la línea con delicadeza hasta partir y perder la mosca con tan mala suerte que lo hice por la unión gruesa ¡Vaya Mierda! Pensé, no me queda otra que rehacer todo de nuevo. Mientras arreglaba el estropicio esa bonita trucha andaba cebándose a escasos dos metros de mi, sacando varias veces la totalidad de la cabeza fuera del agua, para pasados un par de minutos desaparecer aguas arriba.  ¡Joder!  y ahora se marcha,  exclame entre dientes mientras me decía ¡Yo de aquí no me muevo hasta que se coloque de nuevo! Y efectivamente así fue………..

Misma postura, mismo lance, de mosca “el Pardón más grande y hermoso que llevaba en la caja” pero con la diferencia de que esta vez realizo un sutil giro a la derecha, abrió sus fauces y engullo la mosca. La pelea no fue gran cosa pues el terminal era un .20 y no había miedo, la llevé aguas abajo, la ensalabré, me rebocé en el barro, un par de fotos  and  bye bye.

Tras estas vinieron algunas más de menor tamaño pero se acercaba la hora de comer y ellas deben descansar pues ya se empiezan a emparejar y es mejor no molestarlas.

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