Jun 132019
 


Cuando Gerardo me preguntó si quería bajar al sur por truchas o quedarme y pescar dorados no tuve dudas. Por un momento recordé las historias de ese gran pescador Rosarino, Carlos Ingrasia (DEP) y como me hacían soñar en tener algún día un dorado al otro lado de mi línea……….

Todo fue muy rápido  “pensat y fet” y el viernes en la tarde cogía un vuelo en Barajas dirección Rosario (Ar).  A la llegada me estaba esperando mi buen amigo Gerardo que se encargó de que tuviese un viaje y estancia lo más agradable posible.

Ya en el agua, me encontré un río que no esperaba, Inmenso, de color canela y que discurre a toda leche por el cauce. El guía pronto nos adentró en la isla, zona de aguas negras, y ahí comenzó mi calvario con el equipo, pues aunque llevaba un amplio abanico de líneas con diferentes hundimientos no era suficiente. Para más “inri” la mayoría de las líneas eran de origen escandinavo, pensadas para pescar en el centro y norte de Europa, por lo que ya os podéis imaginar el comportamiento en un río de origen tropical.  La profundidad no es mucha, en torno a los 8m en el cauce principal pero la corriente del río y la forma de pescarlo hacen que la mosca no baje lo que tiene que bajar, al menos con el equipo que llevaba. No me quedaba otra que añadir unos “plomos” a las ya lastradas moscas si quería que mis moscas bajasen hasta donde estaban los peces.

Un lance a la barranca, otro y otro a ese tronco sumergido. Lanzados a más de 20m con moscas plomadas, la lancha derivando aguas abajo y el primer dorado conectado por Gerardo.

Simplemente espectacular, ver a un “pezón” como ese pegando botes a 30 m mientras se deja llevar por la corriente.

El río Paraná es el 2º más largo de sudamérica con un caudal, en Rosario, de alrededor de 15.000 m3/s

Continuará……..

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