Sep 112010
 

Hace unos días mi compañero de pesca me pregunto sobré como pescar los ríos en función de su orientación, al principio no lo entendí pero posteriormente me confirmo que aún pescando muy en largo los peces se asustaban de la sombra que proyectaba.

En un río como el «río de las sombras» quizá la posición del sol
 sea una de las cosas a las que no merece la pena prestarle atención.
En cuanto el río lo permite suelo frecuentar una zona de río con similares características. Se trata de un tramo de río sito bajo el gran muro de un embalse, sus aguas son cristalinas, últimamente bajas en verano, y con una buena población de truchas. Recuerdo con una sonrisa aquel verano del 2008 como jornada tras jornada me volvía a casa con un resquemor bajo el brazo, invadía mi cuerpo una sensación agridulce de querer y no poder. Alargué el bajo hasta 8 metros, quizá más, use todo tipo de lances de presentación a mi alcance e incluso robé moscas para usarlas después en estos tramos. ¡Nada! Seguía sin resultados y desesperándome continuamente, mi sombra no espantaba las truchas, no sé qué pasaba pero las truchas salían disparadas como si hubieran visto al mismísimo diablo. Me preguntaba una y mil veces como pescar aquel endemoniado tramo que tantas capturas me había proporcionado tiempo atrás, poco a poco fui atando cabos, eliminando variables, hasta que al fin un día capture todas y cada una de las truchas que había en su postura.
La solución fue sencilla acorté la longitud de caña, a pesar de que la caja del río supera los 20 m en muchos puntos, empecé a usar líneas de colores discretos, bajos de 4 m con un tippet muy largo y fino para absorber el dragado de nuestra mosca. Mis movimientos empezaron a tornarse sigilosos y pacientes cual garza en pose de caza, incluso me agachaba y pescaba de rodillas. Pero el principal cambio vino en la forma de lanzar, sí aunque parezca increíble el problema era la posición de la caña y línea con respecto al pez y al sol. Movimientos suaves, sin aspavientos, cortos, con la caña en una posición lateral y tan baja como sea posible a fin de que la proyección de su sombra no cruce al pez en ningún momento.
Y es que nunca antes me había ocurrido algo parecido, aguas tan cristalinas y tan bajas, de corrientes suaves, que a la más mínima alteración producían una estampida de truchas en su interior.
Es en ríos como este, en los que por la tarde el sol esta castigando nuestra espalda,
donde se hace necesario extremar las precauciones con respecto al sol

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